dijous, 11 de novembre de 2010

Llegir d'amagat

“Autodidacta, sin libros, sin formación más allá de los años de escuela, pocos, incomprendido, durante mucho tiempo tuvo que leer a escondidas, de noche, libros que le prestaban o que sacaba de la biblioteca pública, y que debía ocultar a los ojos de su padre que, iracundo, se los arrebataba de las manos, mientras le daba dolorosos coscorrones. Tantos, tan persistentes, que, ya de adulto, achacó sus continuas migrañas a aquellos golpes en la cabeza” (1)


Ell, Miguel Hernández (1910-1942), que va ser perit en llunes, que ens fa sentir la poesia com un llamp que no cessa, que va cantar a les absències i a l'amor, al vent del poble, al patiment de l'home.

Nosaltres, afortunadament, no hem de llegir d’amagat. Per recordar-lo triem una de les seves poesies: “Canción última” (2) inclosa en El hombre acecha, llibre escrit al final de la Guerra Civil on expressa el seu profund abatiment pel cruel desenllaç de la guerra. El llibre acaba amb aquesta cançó on el poeta reclama que no li treguin, però, l’esperança.


Canción última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa,
con su ruinosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su inmensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.


- (1) Jesús Marchamalo, “La pasión del inocente”, M100guel : 1910-2010, 100 años Miguel Hernández. Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, DL 2010, pàg. 16-17
- (2) Miguel Hernández, El hombre acecha; Cancionero y romancero de ausencias. Madrid: Cátedra, 1998, pàg. 159-160

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